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jueves, 16 de octubre de 2014

Mi elogio a la lentitud... O Viceversa

Nosotros los seres "sintientes" necesitamos una gran dosis de permeabilidad para lidiar con la realidad. Necesitamos algo que nos ayude a entender, que la vida es cambio permanente, que nada permanece para siempre. Para ello, hemos desarrollado una cierta capacidad de adaptabilidad muy útil y necesaria. Somos seres gregarios por naturaleza, vivimos en comunidades, pertenecemos a un grupo, venimos de otros, somos en relación a otros, a cada instante nos rehacemos los unos a los otros. Soy lo que de ti, tu ves en mi, tu eres lo que yo de mi reflejo. En cada encuentro, dejamos semillas de nosotros esparcidas en el otro. Algo de mi germina en ti y viceversa. Sembramos palabras, gestos, canciones, sentimientos, sensaciones, imágenes, aromas, risas, reflexiones y alguna que otra tristeza, porque a menudo tu dolor también es mi dolor y tu risa es el eco de mi alegría. Venimos de sociedades divergentes, caóticas, disfuncionales, estamos hechos de viejas memorias, gastadas a fuerza de repetirse y repetirse hasta agotarse y entonces ser otra vez. Es perversa la manera como, en muchas ocasiones, recreamos situaciones del pasado, olvidando que somos los mismos, pero habitamos otra piel. Estamos tan saturados de "realidad", tan acostumbrados a ver el horror humano retratado en lo cotidiano, tan inmersos en esta vorágine del tiempo y el espacio, tan despoblados de nuestros cuerpos, de nuestras emociones, sensaciones, sentimientos... Protagonistas del hacer, nos alejamos de ser, de estar, de sentir, oír, observar, acompañarnos a nosotros mismos, a los otros. De soledades multitudinarias y recíprocas, están colmados los centros comerciales, los cines, los teatros, los sitios nocturnos, los restaurantes, los bancos, los supermercados, los gimnasios, los salones de clase, las familias, las relaciones. Para quienes vivimos en grandes ciudades, el tiempo es un padecimiento, una condición de la que solemos carecer. Siempre tenemos prisa; la calma, se nos quedó en un trámite, en una angustia, en una falta, en un asunto pendiente, en el café sin terminar, en una nostalgia, en una pérdida, en una pregunta sin responder. Suspiramos con el anhelo de las horas, apenas llegamos a comprender lo vital que resulta respirar.
No concibo nada más hermoso que el acto de crear, de volcar el imaginario racional sentido de la recreación en nosotros. La vida, no es algo que nos pasa, somos creadores, lo peor que nos puede pasar como especie es hacernos costumbre.
Inmersos en una cultura que rinde culto a la imágen, que persigue la inmediatez, que califica la cantidad y la efectividad, olvidamos la afectividad... Lo certero de un abrazo, lo nutritiva que es una caricia, una presencia, la notable diferencia que puede marcar en nuestro andar, una palabra amable, un gesto de aprobación, de bondad, mirar con detenimiento y atención plena. Damos muchas cosas por sentado y le atribuimos la responsabilidad de nuestras decisiones a las circunstancias. Nuestro mayor error, quizás, sea creer que siempre habrá tiempo, que mañana será otro día, pero ese día es hoy, este momento es todo lo que tenemos... Ahora que estamos aquí, ahora que te permites unos minutos para leer esto, que escribo para ti, dime; ¿tú?... ¿Cómo estás?