A lo lejos, de una manera casi imperceptible, suena una canción de Coltrane... Me dejo seducir por el encanto de sus notas, mis pensamientos, por un momento, se apagan. El afuera se diluye, no hay mas que un sentir.
Dibujo con el cuerpo los matices de un encuentro, vengo de un dolor, de una herida. Soy presencia, escribo con la piel, el alma descalza, me dejo caer, no se me ocurre ninguna otra salida.
Soy este instante, estas letras que juegan a decirse, este vano y repetido intento de vuelo.
Me nombro con todas mis voces, con la licencia y la vulnerabilidad propias del que se muestra sin miedo, porque ya se sabe. Me nombro, como una sublime sentencia, que todavía no es ley. Me despojo de todo aquello que me resulta accesorio, para recorrer súbita y cuidadosamente los laberintos bifurcados de mi mente, me precipito en el vértigo de la memoria, vivo la duda, apenas si alcanzo a descifrar el acertijo, abrazo la incertidumbre, la hago mía.
Me descubro alma errante, sin destino cierto, abismo, paraíso, infierno...
Si me encuentras, baila conmigo, celebremos la coincidencia, porque soy del viento...
Cuerpo Volátil
Cuerpo volátil, de formas sinuosas y corazón de papel, aprende a estar aquí, en mis pies. Así, cuando yo no esté, tu serás... O aprende, de una vez por todas, a volar...
@copyright
jueves, 3 de octubre de 2019
martes, 3 de septiembre de 2019
DesapareSer
Cuerpo volátil, de formas sinuosas y corazón de papel, aprende a estar aquí, en mis pies. Así, cuando yo no esté, tu serás... Procura tener siempre un lugar donde ir, sobre todo, cuando de donde quieras escapar sea de ti mismo, aprende, de una vez por todas, a volar...
Llorar, sin mayor o necesaria explicación, por el simple hecho de llorar, de romperme para volver a unir los pedazos y armarme a conciencia de lo que quiero ser. Lloro por mí, por todos, como quien juega al escondite. Busco razones para entender, para seguir, para recobrar el sentido, me difumino, me desvanezco, caigo, me quiebro.
Me incorporo, me miro en el espejo, busco rescatar esa parte de mí que permanece intacta, me encuentro, respiro. Vuelvo la mirada atrás, a la niña que fui, quiero abrazarla, rescatarla de su dolor, decirle que todo va a estar bien, que ya no estará sola ni se sentirá abandonada, que nada es su culpa. Que a veces los adultos se extravían en su agobio, ellos también tienen miedo.
Escribo, para no olvidarme de mi, para atestiguar la vida, para acompañarme, para decirme, porque es como hablar en silencio y en voz alta, porque no se hacer otra cosa mejor.
Pienso, siento, lloro, respiro, leo, me muevo, vuelvo al cuerpo, a su plasticidad, a sus formas concretas, que me adivinan y dicen más de mi de lo que yo jamás pudiera decir.
Escucho a Nina Simone, canto con ella, bailo sus canciones, voy a la cocina a prepararme una taza de té de cacao con papelón, (porque a la tristeza hay que saber también como acompañarla... Por eso, té de cascarillas de cacao tostado con cacao en polvo y papelón) entonces algo en mi se acomoda, se revierte, vuelve y estoy de regreso otra vez, siento mis pies, camino, me muevo, me detengo, lloro... Tal vez es porque extraño a los que se fueron, o por las veces que he sido yo quien ha estado lejos y ausente, tal vez sean las noticias, los tiempos que corren, que me distraen de lo importante, de lo que permanece, lo que transmuta, lo innegociable, de la belleza que salva y es tanta! Del amor. Porque siento que me voy haciendo noche y quiero guardar registros de mi.
Ne pas penser… Je ne veux pas penser, Je pense que je ne veux pas penser. Il ne faut pas que je pense que je ne veux pas penser. No quiero saber lo que pasa allá afuera, hoy no, hoy quiero guardarme en el silencio de la palabra escrita. Salvaguardarme en eso que me alimenta desde siempre. Porque hay preguntas ineludibles que sólo se responden en la soledad y el abandonamiento de los sentidos.
Desaparecer, para poder estar, para volver a ser.
¿Parecer? Yo no sé parecer.
Llorar, sin mayor o necesaria explicación, por el simple hecho de llorar, de romperme para volver a unir los pedazos y armarme a conciencia de lo que quiero ser. Lloro por mí, por todos, como quien juega al escondite. Busco razones para entender, para seguir, para recobrar el sentido, me difumino, me desvanezco, caigo, me quiebro.
Me incorporo, me miro en el espejo, busco rescatar esa parte de mí que permanece intacta, me encuentro, respiro. Vuelvo la mirada atrás, a la niña que fui, quiero abrazarla, rescatarla de su dolor, decirle que todo va a estar bien, que ya no estará sola ni se sentirá abandonada, que nada es su culpa. Que a veces los adultos se extravían en su agobio, ellos también tienen miedo.
Escribo, para no olvidarme de mi, para atestiguar la vida, para acompañarme, para decirme, porque es como hablar en silencio y en voz alta, porque no se hacer otra cosa mejor.
Pienso, siento, lloro, respiro, leo, me muevo, vuelvo al cuerpo, a su plasticidad, a sus formas concretas, que me adivinan y dicen más de mi de lo que yo jamás pudiera decir.
Escucho a Nina Simone, canto con ella, bailo sus canciones, voy a la cocina a prepararme una taza de té de cacao con papelón, (porque a la tristeza hay que saber también como acompañarla... Por eso, té de cascarillas de cacao tostado con cacao en polvo y papelón) entonces algo en mi se acomoda, se revierte, vuelve y estoy de regreso otra vez, siento mis pies, camino, me muevo, me detengo, lloro... Tal vez es porque extraño a los que se fueron, o por las veces que he sido yo quien ha estado lejos y ausente, tal vez sean las noticias, los tiempos que corren, que me distraen de lo importante, de lo que permanece, lo que transmuta, lo innegociable, de la belleza que salva y es tanta! Del amor. Porque siento que me voy haciendo noche y quiero guardar registros de mi.
Ne pas penser… Je ne veux pas penser, Je pense que je ne veux pas penser. Il ne faut pas que je pense que je ne veux pas penser. No quiero saber lo que pasa allá afuera, hoy no, hoy quiero guardarme en el silencio de la palabra escrita. Salvaguardarme en eso que me alimenta desde siempre. Porque hay preguntas ineludibles que sólo se responden en la soledad y el abandonamiento de los sentidos.
Desaparecer, para poder estar, para volver a ser.
¿Parecer? Yo no sé parecer.
martes, 27 de agosto de 2019
Prescripción para una tarde cualquiera
Leer a Ida Gramcko, Elizabeth Schön, Maria Zambrano, Simone de Beauvoir, Clarice Lispector (ellas se han convertido en una suerte de compañía fortuita, mi obsesión literaria del momento)
Hacer una pausa y tomarse el tiempo para sentarse, con las ventanas abiertas y el alma dispuesta.
Beber infusiones de plantas aromáticas sembradas con amor en el suave calor del sur.
Salir a caminar durante horas, sin preocuparse mucho por el tiempo... Ya la prisa hallará maneras de encontrarnos.
Divagar entre palabras, silencios, recuerdos y fotos antiguas y volver siempre volver...
Hacer una pausa y tomarse el tiempo para sentarse, con las ventanas abiertas y el alma dispuesta.
Beber infusiones de plantas aromáticas sembradas con amor en el suave calor del sur.
Salir a caminar durante horas, sin preocuparse mucho por el tiempo... Ya la prisa hallará maneras de encontrarnos.
Divagar entre palabras, silencios, recuerdos y fotos antiguas y volver siempre volver...
martes, 11 de octubre de 2016
Evisceración
" Los abismos atraen. Yo vivo en la orilla de tu alma. Inclinado hacia ti,sondeo tus pensamientos, indago el germen de tus actos. Vagos deseos se remueven en el fondo, confusos y ondulantes en su lecho de reptiles.
¿De qué se nutre mi contemplación voraz? Veo el abismo y tu yaces en lo profundo de ti misma. Ninguna revelación. Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia. Nada sino el ojo que me devuelve implacable mi descubierta mirada."
Juan José Arreola "Gravitación"
Con cierta predisposición y la prisa propia de quien se entrega al amor y la pasión, se fué despojando de si misma. Lenta, ensimismadamente, ajena a la mirada del otro que la presencia tan de cerca, que la siente, la respira. Una a una caían al olvido sus prendas, sus temores, sus dudas, casi simultáneamente, como si fueran una misma cosa. Suerte de simbiosis en la que cuerpo y alma se mimetizan, se encuentran, se abrazan.
Ya para entonces la invitación es inevitable y tácitamente, con la cadencia y la sincronicidad de quienes danzan, te aproximas, te sumerges en el cuerpo del otro, haces de su piel, de su tacto una extensión de ti misma.
Con sigilosa vigilia te observas, te extravías en sensaciones y eres testigo mudo de como todo tu ser, yace totalmente expuesto, inquebrantable, total y absolutamente vulnerable. Para este momento ya no eres sólo la contemplación de un cuerpo desnudo, eres sangre, hígado, corazón, vísceras, pulso, risas, fluidos, amor, deseo.
Un encuentro de dos que se aman puede ser furtivo, ocasional, permanente. Trivial, trascendente, físico, emocional, recurrente. Puede dejar huellas, memorias, cicatrices. Puede incluso, para los más místicos, llegar a ser un ritual de iniciación a la consciencia superior o para los despiertos un viaje al auto conocimiento. O para los más vanales una invitación al placer y la lujuria explícita. Un encuentro entre dos que se aman es un acto de comunión, una ceremonia, una promesa. Un estar, un ser con el otro más allá de la experiencia, un acto psicomágico, un descubrimiento maravilloso.
Un encuentro entre dos que se aman, puede ser una isla desierta, una puerta de salida, la llegada, o el eterno retorno. Un asomarse al abismo, un ir, un volver, un quedarse o desaparecer, un paraíso o un infierno. Un encuentro de dos que se aman es la entera consagración de todo un universo.
¿De qué se nutre mi contemplación voraz? Veo el abismo y tu yaces en lo profundo de ti misma. Ninguna revelación. Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia. Nada sino el ojo que me devuelve implacable mi descubierta mirada."
Juan José Arreola "Gravitación"
Con cierta predisposición y la prisa propia de quien se entrega al amor y la pasión, se fué despojando de si misma. Lenta, ensimismadamente, ajena a la mirada del otro que la presencia tan de cerca, que la siente, la respira. Una a una caían al olvido sus prendas, sus temores, sus dudas, casi simultáneamente, como si fueran una misma cosa. Suerte de simbiosis en la que cuerpo y alma se mimetizan, se encuentran, se abrazan.
Ya para entonces la invitación es inevitable y tácitamente, con la cadencia y la sincronicidad de quienes danzan, te aproximas, te sumerges en el cuerpo del otro, haces de su piel, de su tacto una extensión de ti misma.
Con sigilosa vigilia te observas, te extravías en sensaciones y eres testigo mudo de como todo tu ser, yace totalmente expuesto, inquebrantable, total y absolutamente vulnerable. Para este momento ya no eres sólo la contemplación de un cuerpo desnudo, eres sangre, hígado, corazón, vísceras, pulso, risas, fluidos, amor, deseo.
Un encuentro de dos que se aman puede ser furtivo, ocasional, permanente. Trivial, trascendente, físico, emocional, recurrente. Puede dejar huellas, memorias, cicatrices. Puede incluso, para los más místicos, llegar a ser un ritual de iniciación a la consciencia superior o para los despiertos un viaje al auto conocimiento. O para los más vanales una invitación al placer y la lujuria explícita. Un encuentro entre dos que se aman es un acto de comunión, una ceremonia, una promesa. Un estar, un ser con el otro más allá de la experiencia, un acto psicomágico, un descubrimiento maravilloso.
Un encuentro entre dos que se aman, puede ser una isla desierta, una puerta de salida, la llegada, o el eterno retorno. Un asomarse al abismo, un ir, un volver, un quedarse o desaparecer, un paraíso o un infierno. Un encuentro de dos que se aman es la entera consagración de todo un universo.
martes, 10 de mayo de 2016
Aprendiendo a decirlo en prosa
Creo en los acuerdos tácitos, más que en los contratos. En el encuentro de almas, en el lenguaje de dos cuerpos que se tocan, en los discursos hechos de besos. Creo que nadie sale ileso de un abrazo y que no hacemos el amor, es él quien nos hace a nosotros a imagen y semejanza, como bien decía Cortázar. En el valor de las cosas sencillas y en eso de que "un gesto vale más que mil palabras" Creo en la vida antes de la muerte, en el poder transformador de una caricia, la complicidad de una sonrisa, en la trascendencia de la forma, en la magia, la música de las esferas, la química y la matemática. Creo en la condición humana, más allá de la barbarie y de todo el daño que nos hemos causado entre nosotros y al planeta. Creo en la supervivencia de las especies y el resurgimiento del ave fénix, como mito, realidad y promesa. Creo que nuestro mayor compromiso aquí en la tierra, es trabajar nuestras estructuras mentales, para crear espacios de percepción más amplios, más profundos, más empáticos, desde la posibilidad y la certeza. Creo en el arte, en la poesía, la literatura, los rituales y las sincronías. Creo con convicción y con arraigo, con pasión y con ternura, con fe, con devoción, con miedo, con duda. Creo que el camino del "eterno retorno" está poblado de metáforas, aromas y canciones y que en ese continuo volver a nosotros mismos, nos encontramos en el otro. Soy piel porque me tocas, existo porque me piensas, eres en mi porque te siento, porque percibo tu dolor, tu amor, tu rabia, tu tristeza, tu alegría, tu grandeza... De que iba esto? Ah! si, de aprender a decirlo en prosa: te quiero con la fuerza de la rosa de los vientos.
domingo, 27 de marzo de 2016
De cuando nos hacemos costumbre
(...)"Soy hombre, duro poco y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba, las estrellas escriben. Sin entender, comprendo... También soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea."
Octavio Paz "Hermandad"
Tampoco pretendo demostrar nada, ni convencer a nadie, yo sólo digo mi verdad. Pues bien, esta vez no es la excepción. Vivimos tiempos difíciles, realidades que golpean duramente nuestra sensibilidad y ponen a prueba nuestra capacidad de asombro. Historias hay muchas, algunas de dimensiones épicas y cada una de ellas invariablemente tendrá los matices de su protagonista.
Hablamos de una misma realidad, aunque sabemos que no es igual para todos y que cada quien elige como vivirla. Pero más allá de la percepción que cada uno tenga de ella, hay cosas que nos afectan en menor o mayor medida, a todos por igual. Hay distancias insalvables que sobrepasan los niveles de tolerancia y aceptación. En lo particular, veo con enorme admiración y respeto los altos niveles de resiliencia de algunos y su gran capacidad de adaptación. Veo la desolación y la enorme tristeza de otros muchos y reconozco con honestidad y empatía la indignación y la rabia de otros tantos más. También están los que celebran la vida más allá de todo despropósito de la razón y que bien! Hay quienes trabajan en sí mismos porque están muy conscientes de la enorme responsabilidad que implica sanar, porque conocen que somos como una suerte de ecosistema, un engranaje, un mecanismo. Son los que saben que si una parte falla, afecta al todo.
A menudo la realidad nos abruma, en esos momentos la mayoría de nosotros clamamos por un poco de paz y quietud. Hay muchos osados que piden paz para el mundo, en lo personal no me atrevería yo a tanto con todo el caos que llevo dentro, con suerte y mucha disciplina consigo respirar profunda, conscientemente y trato de mantener mi paz. Porque creo, que si en lugar de desear la paz al mundo entero, cada uno de nosotros cultivara su propia paz interior, el mundo sería un lugar distinto, y entonces si, ojalá la paz. Pero hay que hacer el trabajo y el trabajo comienza conmigo.
Por ejemplo, si más allá del espacio físico que ocupa, usted habita su cuerpo, sabrá que sus dolencias son señales, aspectos que debe cuidar. Entonces, al sentir cualquier tipo de tensión muscular, hará pequeñas pausas para moverse, caminar, suspirar o utilizará cualquier recurso que esté a su alcance y lo ayude a volver a una sensación de bienestar. Sabrá también, que todo síntoma se corresponde con una emoción y que detrás de todo malestar hay una alerta de algo que no hemos aprendido a manejar o duele tanto que no nos atrevemos a afrontar. Si es así, entonces conectará con su sentir y se permitirá experimentarlo y liberarlo.
Si por el contrario, usted es de los que prefiere vivir en automático y se siente un poco desconectado de si mismo o evita a toda costa enfrentarse a lo que siente, sepa que el dolor formará parte de su vida tan intrínsicamente, que terminará pensando que es normal, es decir, el dolor pasa a ser algo natural, usted se acostumbra. En cualquier caso, siempre será elección de cada quien como guía su existencia y absolutamente todas son válidas y respetables. Lo que busco resaltar y de lo que trata este escrito es de nuestra habilidad, recurso, necesidad, arbitrio, miedo, inercia, negación (llamelo como quiera) para acostumbrarnos a prácticamente cualquier cosa.
Hablamos de tolerancia, perdón, integridad, unidad, amor... Pero ¿que tan tolerantes somos en nuestra relación con el otro? Incluso, con nosotros mismos. ¿Que tan honestos, que tan presentes estamos, que tan dispuestos a dar amor?¿ Ha notado usted como hay un sin fin de sucesos y personas que están interactuando constantemente para que la vida sea? ¿Está usted consciente de todo lo que ocurrió en su cuerpo mientras dormía? Sus órganos se renovaron, sus pulmones no dejaron de respirar, su corazón no se cansó de palpitar. Sus células, cómplices del misterio de la vida, transmitieron información valiosa, sus neuronas crearon nuevas conexiones.
Amanece... Que no es poco, y estamos aquí para atestiguarlo. Hagamoslo con sentido, con intención, con consciencia, con propósito. ¿Ya se tomó un momento para respirar, ver el cielo, sentir la tierra bajo sus pies, decirle a los que quiere que los quiere y agradecer por todas esas pequeñas cosas que la mayor parte del tiempo damos por sentadas?
¿Ya pensó en qué puede hacer usted hoy para hacer de este mundo un lugar mejor? ¿Para mejorar su mundo interior? Sea cual sea el camino y la decisión que elija, le acompaño... Física, moral, espiritual, virtual y amorosamente. Deseo que encuentre el coraje, la voluntad y la paciencia, si es que decide hacer el trabajo. Deseo que pueda usted construir su paz, su integridad, que lo haga con profunda devoción y un inmenso amor. Yo prometo, me comprometo conmigo misma a hacer mi parte. Toma mi paz, te regalo mi paz... No la paz del mundo, mi paz. Namaste!
lunes, 31 de agosto de 2015
En este día a esta hora
Sentada alrededor de la hoguera, rodeada de mis ancestros, quemo en el fuego mis viejos ropajes. Me hago humo, polvo, cenizas, viento.
Quedan los ecos de mi andar, las historias que alguna vez conté, antiguas memorias de un sentir.
Soy esta ausencia plena de mi, suerte de eterna alabanza a quienes me precedieron, un susurro que elevo como una plegaria al cielo.
Sola con mis muertos, mis anhelos no sienten miedo, el clamor de sus ruegos anula todo temor, toda culpa es pasado, todo recuerdo inmolación personal, toda herida cicatriz, todo gesto superfluo.
El llanto y las horas de angustia lavaron mi alma toda, me trajeron a este día, a esta hora de rendición, de sosiego, de comunión, de encuentro.
Mi cuerpo es testigo, mi andar es ofrenda, mis palabras tributo, mi silencio su voz.
Quedan los ecos de mi andar, las historias que alguna vez conté, antiguas memorias de un sentir.
Soy esta ausencia plena de mi, suerte de eterna alabanza a quienes me precedieron, un susurro que elevo como una plegaria al cielo.
Sola con mis muertos, mis anhelos no sienten miedo, el clamor de sus ruegos anula todo temor, toda culpa es pasado, todo recuerdo inmolación personal, toda herida cicatriz, todo gesto superfluo.
El llanto y las horas de angustia lavaron mi alma toda, me trajeron a este día, a esta hora de rendición, de sosiego, de comunión, de encuentro.
Mi cuerpo es testigo, mi andar es ofrenda, mis palabras tributo, mi silencio su voz.
martes, 23 de junio de 2015
Detalles
"Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida"
Chavela Vargas
Una caricia, la risa de un niño, un te caliente, un chocolate artesanal. El silencio, sus brazos, los domingos...
Una promesa, los retratos, mi perra, los libros, una copa de vino, los amigos, un amanecer, la noche, la música, la playa, la fe.
Las fábulas, las muñecas de la tía Cándida, las alianzas, los encuentros, las despedidas, su presencia, su ausencia, su compañía, él.
Las notas regadas sobre la mesa, las mariposas, los cumpleaños. La brisa, sus manos, mi vientre, las vitrinas, las cartas de mi abuela, el olor a café, los cigarros de mi mamá. Los espejos, mis japamalas, un altar, la ciudad, el salón de clases, la universidad, el sol, la lluvia, el cielo... Detalles
Chavela Vargas
Una caricia, la risa de un niño, un te caliente, un chocolate artesanal. El silencio, sus brazos, los domingos...
Una promesa, los retratos, mi perra, los libros, una copa de vino, los amigos, un amanecer, la noche, la música, la playa, la fe.
Las fábulas, las muñecas de la tía Cándida, las alianzas, los encuentros, las despedidas, su presencia, su ausencia, su compañía, él.
Las notas regadas sobre la mesa, las mariposas, los cumpleaños. La brisa, sus manos, mi vientre, las vitrinas, las cartas de mi abuela, el olor a café, los cigarros de mi mamá. Los espejos, mis japamalas, un altar, la ciudad, el salón de clases, la universidad, el sol, la lluvia, el cielo... Detalles
Suscribirse a:
Entradas (Atom)