@copyright

domingo, 27 de marzo de 2016

De cuando nos hacemos costumbre

(...)"Soy hombre, duro poco y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba, las estrellas escriben. Sin entender, comprendo... También soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea." 
Octavio Paz  "Hermandad"


La mayoría de las historias que escribo surgen como anécdotas a partir de una experiencia o luego de un profundo ejercicio de reflexión personal. Casi nunca me planteo un tema a desarrollar, me permito la libertad creativa de dejar que la historia se construya, se diga, se nombre a sí misma a través de mi. 
Tampoco pretendo demostrar nada, ni convencer a nadie, yo sólo digo mi verdad. Pues bien, esta vez no es la excepción. Vivimos tiempos difíciles, realidades que golpean duramente nuestra sensibilidad y ponen a prueba nuestra capacidad de asombro. Historias hay muchas, algunas de dimensiones épicas y cada una de ellas invariablemente tendrá los matices de su protagonista.
Hablamos de una misma realidad, aunque sabemos que no es igual para todos y que cada quien elige como vivirla. Pero más allá de la percepción que cada uno tenga de ella, hay cosas que nos afectan en menor o mayor medida, a todos por igual. Hay distancias insalvables que sobrepasan los niveles de tolerancia y aceptación. En lo particular, veo con enorme admiración y respeto los altos niveles de resiliencia de algunos y su gran capacidad de adaptación. Veo la desolación y la enorme tristeza de otros muchos y reconozco con honestidad y empatía la indignación y la rabia de otros tantos más. También están los que celebran la vida más allá de todo despropósito de la razón y que bien! Hay quienes trabajan en sí mismos porque están muy conscientes de la enorme responsabilidad que implica sanar, porque conocen que somos como una suerte de ecosistema, un engranaje, un mecanismo. Son los que saben que si una parte falla, afecta al todo.
A menudo la realidad nos abruma, en esos momentos la mayoría de nosotros clamamos por un poco de paz y quietud. Hay muchos osados que piden paz para el mundo, en lo personal no me atrevería yo a tanto con todo el caos que llevo dentro, con suerte y mucha disciplina consigo respirar profunda, conscientemente y trato de mantener mi paz. Porque creo, que si en lugar de desear la paz al mundo entero, cada uno de nosotros cultivara su propia paz interior, el mundo sería un lugar distinto, y entonces si, ojalá la paz. Pero hay que hacer el trabajo y el trabajo comienza conmigo.
Por ejemplo, si más allá del espacio físico que ocupa, usted habita su cuerpo, sabrá que sus dolencias son señales, aspectos que debe cuidar. Entonces, al sentir cualquier tipo de tensión muscular, hará pequeñas pausas para moverse, caminar, suspirar o utilizará cualquier recurso que esté a su alcance y lo ayude a volver a una sensación de bienestar. Sabrá también, que todo síntoma se corresponde con una emoción y que detrás de todo malestar hay una alerta de algo que no hemos aprendido a manejar o duele tanto que no nos atrevemos a afrontar. Si es así, entonces conectará con su sentir y se permitirá experimentarlo y liberarlo. 
Si por el contrario, usted es de los que prefiere vivir en automático y se siente un poco desconectado de si mismo o evita a toda costa enfrentarse a lo que siente, sepa que el dolor formará parte de su vida tan intrínsicamente, que terminará pensando que es normal, es decir, el dolor pasa a ser algo natural, usted se acostumbra. En cualquier caso, siempre será elección de cada quien como guía su existencia y absolutamente todas son válidas y respetables. Lo que busco resaltar y de lo que trata este escrito es de nuestra habilidad, recurso, necesidad, arbitrio, miedo, inercia, negación (llamelo como quiera) para acostumbrarnos a prácticamente cualquier cosa.
Hablamos de tolerancia, perdón, integridad, unidad, amor... Pero ¿que tan tolerantes somos en nuestra relación con el otro? Incluso, con nosotros mismos. ¿Que tan honestos, que tan presentes estamos, que tan dispuestos a dar amor?¿ Ha notado usted como hay un sin fin de sucesos y personas que están interactuando constantemente para que la vida sea? ¿Está usted consciente de todo lo que ocurrió en su cuerpo mientras dormía? Sus órganos se renovaron, sus pulmones no dejaron de respirar, su corazón no se cansó de palpitar. Sus células, cómplices del misterio de la vida, transmitieron información valiosa, sus neuronas crearon nuevas conexiones.
Amanece... Que no es poco, y estamos aquí para atestiguarlo. Hagamoslo con sentido, con intención, con consciencia, con propósito. ¿Ya se tomó un momento para respirar, ver el cielo, sentir la tierra bajo sus pies, decirle a los que quiere que los quiere y agradecer por todas esas pequeñas cosas que la mayor parte del tiempo damos por sentadas? 
¿Ya pensó en qué puede hacer usted hoy para hacer de este mundo un lugar mejor? ¿Para mejorar su mundo interior? Sea cual sea el camino y la decisión que elija, le acompaño... Física, moral, espiritual, virtual y amorosamente. Deseo que encuentre el coraje, la voluntad y la paciencia, si es que decide hacer el trabajo. Deseo que pueda usted construir su paz, su integridad, que lo haga con profunda devoción y un inmenso amor. Yo prometo, me comprometo conmigo misma a hacer mi parte. Toma mi paz, te regalo mi paz... No la paz del mundo, mi paz. Namaste!